El equipo de Ignacio González afrontaba el choque contra Flandria con la misión inicial de sumar de visitante, alejarse en los promedios de su rival de turno. Pero principalmente su nueva presentación en el certamen significaba la oportunidad de consolidar los pasajes de buen juego que desarrolló en la goleada contra Agropecuario. Sin embargo, una vez más decepcionó fuera de casa, porque además de cosechar una nueva derrota, el Albo confirmó una falta conceptual de juego en todos los sectores de la cancha, lo cual conlleva a cometer errores garrafales en defensa y preocupantes limitaciones en la construcción de ataque.

Al finalizar el encuentro, el entrenador se refirió a aprovechar los momentos, pero ¿Cuáles fueron esos momentos, con el perdón de la redundancia? Porque sus dirigidos amagaron con ser protagonistas durante los primeros cinco minutos de juego. En ese lapso supo volcar su juego por las bandas, que es la única herramienta ofensiva que ha demostrado saber emplear el conjunto de Floresta en esta nueva etapa. A partir de entonces, All Boys cayó en un pozo futbolístico del que no pudo ni tuvo idea de cómo salir. Perdió la pelota en mitad de cancha, el local comenzó a dominar, y a acercarse al arco de Nahuel Losada. Recién en el borde del área la visita contrarrestaba dichas aproximaciones e inmediatamente salía del fondo con un pelotazo sin destino, entonces el balón regresaba rápidamente al campo propio.

Ante esta tendencia los de González tampoco daban muestras de firmezas en la línea defensiva, que desnudaba todas sus falencias en cada lateral a la altura del área. No se puede entender que en 40 minutos de juego, tanto los jugadores dentro de la cancha, y su DT afuera, no hayan encontrado variantes para resolver un ataque proveniente de un saque de banda. Así llegó el primer gol de Flandria, que sentenció el partido porque a la falta de gestación en ofensiva, se le sumó el habitual golpe anímico que es irreversible tras cada gol recibido. En este sentido, no hay rebeldía para superar estos dos factores negativos.

En consecuencia, en desventaja jamás hizo intento alguno para llegar a la igualdad, en ese aspecto Leandro Barrera fue el único que quiso. Por eso el segundo tiempo sólo sirvió para encender la alarma y dar cuenta que es necesario un golpe de timón urgente. Ello no implica un cambio de entrenador, porque en esta naufragar de All Boys en el torneo todavía no parece quedar bien en claro si es fruto de un dt sin experiencia y que no puede plasmar su identidad de juego, o de un plantel limitado en cualidades técnicas. Al parecer ambas cosas van de la mano. Lo que sí es seguro que las formas utilizadas hasta ahora no alcanzan, mientras el campeonato avanza. Por ejemplo, si el trámite lleva a dividir la pelota, hay que saber hacerlo, es como dijo el ex arquero de Racing después de Santamarina: “hay que entender cuándo se puede jugar y cuando no”. Hasta ahora sus futbolistas no acusaron recibo de este aspecto.

 

Más allá del resultado, los hinchas siguen privados de disfrutar una tarde soleada de domingo y un lugar con espacios verdes, ideal para comer un asado, mientras acompañan a su equipo. Es producto de un simple capricho de los directivos de las distintas áreas vinculadas a la organización de los partidos. Ya harta  infiltrarse entre los simpatizantes locales o acudir al sector de “allegados” para seguir de cerca a All Boys, como le sucede a cada fanático de los clubes del fútbol argentino ¿Hasta cuándo?

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